«La catástrofe del Covid», por Federico PONCE ROJAS

Por Federico PONCE ROJAS, para SudaméricaHoy
En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano.»
Eleanor Roosevelt
Hace unos días la ONU celebró El Día de los Derechos Humanos. Fue en 1948, cuando este organismo adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Histórica fecha en la que se reconocen los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

La pandemia de COVID-19 fue el tema inevitable este año y se enfocó en la necesidad urgente de reconstruir el tejido social afectado de manera inédita a su mínima expresión, como consecuencia de tan brutal catástrofe.

Es ahora cuando el concepto de salud ya conocido, se afianza mayormente de manera integral al resto de los derechos humanos, hoy vulnerados por todas las consecuencias de la ignorancia, malas actitudes y decisiones de gobernados y gobernantes, la arrogancia e irresponsabilidad de grupos sociales que alimentan la catástrofe.
Las restricciones y el aislamiento de la población, inevitables para preservar la vida de la comunidad, ha traído consecuencias irreversibles: muerte, violencia familiar, restricciones a la libertad, educación, desarrollo personal, divorcios, separaciones, abandonos; se rompió una coraza que en su interior carecía de un módulo robusto y así la ausencia de eventos sociales, viajes, diversiones, trabajo, pérdidas económicas, desconocimiento de las secuelas de esta la enfermedad para aquellos que la sobrevivieron, la re infección comprobada, y la incertidumbre sobre la efectividad de una próxima vacuna, han abonado a la ruptura total de nuestro proyecto social.
Tenemos ahora frente a nosotros la gran oportunidad de construir un mundo nuevo asidos de lo que nos fortalece y tanto hemos defendido en estos meses: la defensa de un núcleo social, de una familia y del amor verdadero.

Abordar los fracasos de la pandemia rescatando, recuperando los cimientos firmes que ya habíamos construido, será mejor y más rápido, para alcanzar este objetivo. Canjear lo conocido, lo sólido y firme, por lo desconocido y aventurado, pone en riesgo toda nuestra estructura social y lesiona todo su entorno.
Aprovechemos lo hecho para vencer los fracasos con la construcción de un tejido social fortalecido para contribuir al impulso de sociedades más resilientes y justas.
Es innegable la afectación del entorno familiar, célula primaria de la humanidad, vínculos que forman personas por parentescos sanguíneos o núcleo mutuo, el hecho es que, se necesitan entre sí para satisfacer carencias y también para apoyarse y ayudarse.
Todo lo que hemos apreciado que encierra el término Tejido Social, nos lleva a comprender el porqué resulta preocupante su deterioro. Es claro que, sin lazos fuertes a nivel familiar o social, difícilmente se logrará constituir una sociedad solidaria, firme y que haga valer sus derechos y los de los demás.
Ahora contamos con referencias claras que nos permiten captar de modo sencillo el contenido del término “Tejido social” para entonces tener la voluntad de engendrar una conciencia personal, familiar y social respecto a nuestra participación en la construcción de un tejido social que ofrezca a la población condiciones de educación, cultura, salud, con capacidad de generar mayor equidad, menor pobreza y un mayor capital humano y social para edificar la paz y una convivencia pacífica.
Es difícil aceptar los momentos difíciles y los fracasos, pero la oportunidad de reinventarnos y resurgir fortalecidos está frente a nosotros con el aprendizaje, volver a intentar lo que no se consiguió, con la riqueza de la experiencia, es una mensaje sentido, un elogio a la resiliencia.