«Iberoamérica no es tierra para incautos», por Alfredo BEHRENS

Por Alfredo BEHRENS, para SudAméricaHoy

Iberoamérica no es para incautos. Vale reflexionar sobre el grado de modernidad que guiaría la vacunación contra la pandemia en curso. Una campaña de vacunación eficaz precisaría de mandatarios en sintonía con sus gobernados, estos empoderados por el conocimiento y la lógica. Sin embargo, vemos que en la región predomina la incongruencia, veamos.
El respeto a la vida ajena es uno de los grandes postulados católicos. Iberoamérica es una de las regiones más católicas del mundo, cada vez menos, es cierto, pero al menos es una de las más cristianas. Sin embargo, por el número de homicidios, Iberoamérica es una de las regiones más violentas del mundo. O sea, prohibimos el aborto, pero matamos a los que nacieron.

Además, como individuos no estamos entre los pueblos que más abrazan la expresión individual de la persona. Tendemos a dejarlo para otros, quién sabe a los mejor instruidos. Pero resulta que en la región pareciera predominar el pensamiento mágico, porque si bien pareciera creerse que el gobierno debiera ser ejercido los que estudiaron, tampoco creemos que la ciencia y la tecnología nos sirvan bien. De hecho, hay 12 países iberoamericanos entre los primeros 16 países donde sus gentes más desconfían que la ciencia y la tecnología contribuyan al bienestar general. De esto se nutre la desconfianza en las vacunas.
En realidad, desconfiamos de todos, menos de nuestras familias. Tal vez sea por eso que no nos incomoda la incongruencia entre prohibir el aborto y tolerar el homicidio de quienes no conocemos. Pero hay algo muy poco moderno en esto. No solo en términos económicos, como en herencias que pagan pocos impuestos, sino en la política, que es donde se determina cuántos impuestos se pagarán.

Por ejemplo, se dice que tan solo cinco apellidos rindieron la mitad de los presidentes de Colombia en el siglo 20. En Uruguay tenemos a los Batlle y a los Lacalle; en Perú tenemos a los Fujimori. Ni que hablar de los Kirchner en Argentina, o de los Castro en Cuba. Ahora pareciera que también Bolsonaro cultiva a sus hijos como sucesores en Brasil.
Tal vez estas dinastías políticas sean aun más frecuentes al nivel provincial. Hay evidencias de que al completar sus mandatos, gobernadores o intendentes fueron reemplazados por sus familiares en la mitad de los estados brasileños y de las provincias argentinas.
Pareciera que tanto entre la derecha y la izquierda faltaría dar el paso republicano: como la riqueza y la pobreza, también se hereda el poder político. Y así vamos, reproduciendo la miseria y la desconfianza se va quien tiene como. De ahí el contagio, si antes se lanzaban al mar los cubanos y los haitianos, ahora también los venezolanos. En Iberoamérica ya no se puede confiar ni en aquello de que Dios aprieta pero no ahoga.