«Del otro lado de la ventana», por Luli DELGADO

Por Luli DELGADO, para SudAméricaHoy

Alguien muy de nuestro corazón inicia el proceso de partida de su presencia en este mundo. Momento difícil que, aunque solitario, desde siempre nos hemos empeñado en acompañar. Con esa persona se nos va parte de nuestro corazón, de nuestra historia, de lo que somos. Es irrevocable, y es por eso que queremos aferrarnos hasta, literalmente, el suspiro final.



Parece que inmediatamente después de declarada la muerte clínica, el cerebro continúa funcionando… o no, te vas y te fuiste.
¿Cómo saber?

El caso es que independientemente de lo que creamos, es una despedida que ha marcado a la Humanidad desde siempre y ha servido de inspiración a poemas, cuadros, réquiems y pensamientos alusivos.

Y entonces regresa la peste al mundo y nos obliga a aislarnos de nuestros pacientes terminales. El ritual se interrumpe y un fulano protocolo nos tira la puerta en la nariz.

Es muy duro… pero, !hay quienes no se conforman!

La prensa reseñó en días pasados la historia de un muchacho palestino quien, aprovechando su flexibilidad de veinte años, se subió al pretil de la ventana del hospital donde estaba su mamá y la acompañó durante días en su agonía y muerte a consecuencia del Covid.



Ahora leo que un grupo de amigas en Buenos Aires, con probablemente menos flexibilidad que la del muchacho palestino, resolvió alquilar una grúa de las que se usan en las construcciones, para hacerle una visita sorpresa a una amiga en cuenta regresiva a consecuencia de un cáncer.

Bien por ellos que no se conformaron!!!

Estoy segura que del otro lado dela ventana, las pacientes lo agradecieron infinito…