«Milagros de oropel», por Luli DELGADO

Luli DELGADO, para SudAméricaHoy

A medida que el coronavirus avanza a pasos alarmantes en América Latina, la población se embarca en la quimera de medicamentos milagrosos, que o corren el peligro de crear efectos secundarios, o simplemente se tratan de falsas promesas.

Hacer gárgaras de sal tres veces al día durante una semana, o de bicarbonato de sodio en agua caliente, y bebedizos de ajo y cebolla, son algunas de las recomendaciones que circulan por las redes. Hasta ahí las inócuas, porque también se ha hablado de la ingesta de vermífugos para sacar las lombrices y bichos malos del cuerpo.

Jair Bolsonaro insiste en la hidroxicloroquina, a pesar de que se ha alertado hasta la saciedad sobre sus efectos secundarios.

En Bolivia, fueron puestas a disposición unas cámaras de vapor con plantas como eucaliptos, manzanilla y huira huira, todas con efectos expectorantes. Inhaladas de cinco a diez minutos si bien no van a curar a nadie, se recomiendan para ayudar a desinflamar y hacer expectorar a los pulmones.

En muchos de estos países el sistema sanitario es precario, y si a ello se le suma la gran demanda derivada de la pandemia, el resultado es una suerte de desamparo, que la población trata de mitigar apelando a cuanta recomendación les caiga en las manos y a tradicionales creencias en bebedizos y emplastos.

Y mientras tanto, en la región el coronavirus sigue haciendo estragos y en el resto del mundo la comunidad científica busca incesante la tan ansiada vacuna. Así andamos…