«El que huye del trabajo, el trabajo le persigue», por Alfredo BEHRENS

Por Alfredo BEHRENS, para SudAméricaHoy

La diferencia entre los pueblos es tal que, aun viendo lo mismo, lo interpretan de forma diferente. Vea si no el caso de la caricatura Coyote y Correcaminos, distribuido por la Warner Brothers.

Chuck Jones diseñó la caricatura para garantizar la lealtad de la audiencia estadounidense al Coyote. Pero la Warner distribuyó la caricatura por casi todo el mundo, y mientras yo enseñaba en escuelas de negocios de varios países, descubrí que hay muchos pueblos que quieren que el Correcaminos escape del Coyote, y se sorprenden cuando descubren que, para el común de los estadounidenses, !el héroe es el Coyote!

¿Podrían sólo dos personajes ser una limitación para extraer la riqueza de la diversidad cultural del mundo? Quizás sí, pero hay una ventaja en mantener las cosas simples cuando tienen un dejo de verdadero: el abismo entre la perspectiva del Coyote y la del  Correcaminos, no sólo conduciría a dos mundos sino también a dos perspectivas y a la respectiva adaptación de cada miembro a su mundo organizacional.

Mientras que el Coyote emprende obsesivamente, lo hace sin mayor reflexión. Si reflexionase por lo menos percibiría que siempre le fallan las trampas que compra en ACME  para atrapar al Correcaminos. Pero la obsesión del Coyote le impide reflexionar, insiste y vuelve a perder. Sin embargo, no es un perdedor porque se recupera y cómo un resorte vuelve a probar su suerte. Resulta que esa característica tan emersoniana del Coyote: foco, autosuficiencia y resiliencia, cautivan al pueblo estadounidense.

Pues bien, resulta que tanto los hindúes cuanto los iberoamericanos hinchan por el Correcaminos en lugar del Coyote. No sólo eso, los hindúes son considerablemente más propensos a hinchar por el Correcaminos. Además, tanto los hindúes cuanto los iberoamericanos, hinchamos más por el Correcaminos cuanto más viejos nos ponemos!

Justamente, la incapacidad del Coyote de integrar informaciones diferentes para guiar la acción sería lo que atrasa el desarrollo de los ejecutivos. ¡Eso mismo! Los ejecutivos mejor pagos, se dijo en Harvard, son justamente los que son flexibles e integradores al tomar decisiones. Esos valorizarían menos el estilo Coyote que el estilo Correcaminos. O sea, los iberoamericanos, con esa actitud tan nuestra, divertida, creativa, alocada, tendríamos más chances de llevar empresas al éxito que los Coyotes. Además, esa calidad administrativa mejoraría en la medida que envejecemos. Pero, la alegría del pobre iberoamericano dura poco. ¡Dentro de esta óptica, los hindúes serían aún más eficaces que los ibero-americanos en la gestión de empresas!

Sin embargo, la pregunta fundamental todavía necesita de respuesta; ¿si fuésemos tan buenos gestores, por qué las mayores empresas del mundo son norteamericanas y no hindúes o ibero-americanas? 

Tal vez porque se necesita de coyotes para construir lo que los correcaminos imaginan. Después de visualizado, el futuro necesita de ingenieros para refinar los procesos, de contadores para controlar, de abogados para defender patentes. Los correcaminos imaginan, los coyotes replican, y así las empresas se hacen grandes. Se mantienen grandes cuando tienen correcaminos al timón, pero son los coyotes los que construyen estructuras.