«El gusano que pudo», por Luli DELGADO

Por Luli DELGADO, para SudAméricaHoy

El gusano marino Procerodes litorales, presente en las costas del noroeste de Europa y el oeste de Norteamérica, es capaz de adaptarse a los cambios climáticos provocados por el calentamiento global. No es la única especie que lo ha logrado. Con la ayuda humana, otras especies han salido de la zona roja y han pasado a la categoría de preocupación menor: la ballena gris, el ñu azul, el lobo mexicano y por ahí sigue la lista.
Lo cierto es que por cuenta propia, o con un empujoncito humano, la vida en peligro es capaz de perpetuarse.
Bien lo decía Darwin: sobrevive no el más fuerte, sino el que mejor se adapta. Si no, fíjense en los dinosaurios.
Vayámonos ahora a la especie humana: la mejor y la peor de todas las especies. Por un lado, luchamos a brazo partido por mejorar los procedimientos médicos, los desafíos del espacio y la vida natural, defendida apenas por los que se dedican a nadar contracorriente.
Pero por otro, acabamos con todo lo que tenemos alrededor: contaminamos las aguas, atentamos inclementes contra la capa de ozono, generamos basura tóxica como si tal cosa, seguimos practicando pesca de arrastre, en fin, parecería que somos expertos en dañar sin miramiento nuestro propio hábitat.


Y resulta que es en ese mismo hábitat donde vamos a seguir viviendo, y habrán de vivir las generaciones que nos siguen. Tanto comprar fideicomisos para cuando crezcan nuestros hijos y no pareceríamos percatarnos de lo peligrosas que pueden ser las condiciones en las que vivirán.
Hace rato que nos lo vienen advirtiendo, pero por un oído nos ha entrado y por el otro nos ha salido. Ahora, con lo de la pandemia que nos ocupa parecería que estamos un poco más alertas a nuestros problemas como planeta, que de hecho no son pocos.
Como dice la canción de Mecano: ¨… a ver si espabilamos los que estamos vivos…¨