«De vacunas y supositorios», por Alfredo BEHRENS

Por Alfredo BEHRENS, para SudAméricaHoy

Es un mundo raro éste. Si por un lado Elon Musk planea colonizar Marte aprovechando sus cohetes reutilizables, por otro, su presidente Trump quiere acelerar la aplicación de una vacuna que no ha sido debidamente probada. 

La diferencia entre las locurillas está en que Musk las hace con su dinero, y perdió una media docena de cohetes antes de llegar a uno que pudiera aprovechar. Mientras Trump, con los ojos en las elecciones, quiere a toda costa inyectar a la gente, buscando que antes de las elecciones olvidemos que el atraso de llegar a una vacuna eficaz se debería a su propia dejadez.

Lo peor es que Trump no está solo, ni hoy ni en el pasado. El presidente Ford, cuando de ojos en otra elección, hizo algo parecido. Inclusive se sacó una foto con una jeringa. Pero murieron 50 veces más americanos víctimas de su vacuna acelerada de los que murieron víctimas de la enfermedad contra la que se buscaba inmunizar con su vacuna tramposa. 

Digo que son tiempos raros porque todos sabemos que ni con nueve mujeres se puede hacer un hijo en un mes. Con las vacunas es algo parecido, y tenemos a varios locos buscando una vacuna nacionalista.

Pero si de Trump no podemos esperar más que de Ford, o de Putin, ¿qué decir de los nuestros? Fíjese en Nicolás Maduro, éste no inventa vacunas ni manda cohetes a ninguna parte. Sólo mete gente en la cárcel. Oigo decir también que paga para que apaleen incautos.  Pero aún eso no me sorprende de quien fue digitado por Chávez. Lo que me resulta más difícil de entender es que Maduro tenga amigos.

O sea, no sé si es por aquello de que Dios los cría y ellos se juntan; pero lo cierto es que el Partido de los Trabajadores del Brasil tiene una portavoz que indefectiblemente sale en defensa de Maduro, como Daniel Ortega también lo hace. Es decir, lo que me sorprende es que esta gente, como Maduro, la Kirchner y los suyos, que deben haber tenido madres que los amamantaron, que les limpiaron el culo y les cambiaron los pañales, que los empolvaron y peinaron para que se vieran bien en las fotos cuando bebés y que les metieron supositorios cuando hacían fiebre, hoy por hoy se hayan convertido en espantapájaros.

He leído mucho, marxistas, sociólogos, politólogos, psicoanalistas y todavía no entiendo. Tal vez hasta sea mejor cualquier vacuna o supositorio letal y rápido que seguir alimentando a gente como Trump, Maduro y sus secuaces, los Castro entre ellos. Porque la verdad es que, hasta Fidel, que Dios lo tenga, en algún momento disputó con mi tocayo Stroessner, del Paraguay, el ser el decano de los dictadores latinoamericanos. 

Son tiempos raros y feos estos, sea por Trump, Putin y otros, pero la verdad es que con los nuestros no nos quedamos atrás en esta carrera apocalíptica al infierno.