«Aunque la mona se vista de seda, mona se queda», por Alfredo BEHRENS/Inés MEDEIROS

Por Alfredo Behrens[2]/ Inês Medeiros[3]

Decíamos aquí, que los principios de Administración, como son enseñados en los Estados Unidos, se repiten sin reflexión no solamente en español y portugués, sino en otros idiomas, donde también deberían ser matizados. Argumentábamos también que la administración que ha rendido tan buenos frutos en los Estados Unidos, podría inclusive conspirar contra la productividad en nuestros países y que tal vez por esto también, sería que América Latina hace un siglo que corre rezagada de los Estados Unidos.

La Administración no surgió de la nada en América del Norte, es la forma cultural que tomó la organización para el trabajo en los países germánicos – como todos los que hablan inglés o variaciones de la raíz germánica. En general son los países donde echó raíces el protestantismo. No creemos que éste haya sido el caso. Fueron justamente las tribus germánicas las menos romanizadas de Europa y las primeras en renunciar al Catolicismo romano. Fue como si la cultura romana siempre les cayese mal a las tribus germánicas.

Sin embargo, la forma romana, con su orientación al clan, a la organización de base familiar, con su desconfianza a quien no es del clan, era y sigue siendo la forma cultural de todo el Mediterráneo e inclusive más allá, como en África, en el Medio Oriente y en Asia.

Resulta que América Latina se nutrió fundamentalmente de poblaciones de orientación mediterránea, africana, e inclusive asiática, como por sus poblaciones nativas o sus inmigrantes asiáticos. Mientras tanto, los Estados Unidos se nutrieron del Norte de Europa, justamente donde predominan las tribus germánicas. Lo que había de nativo en los Estados Unidos fue relegado a las reservaciones indígenas. Una de las características de la forma de ser germánica es su resistencia al mestizaje.

O sea, América Latina viene siendo diferente de los Estados Unidos desde las raíces. Vemos las cosas desde otro ángulo, nos reímos de cosas diferentes, aunque veamos lo mismo. Como, por ejemplo, preferimos que gane el Correcaminos en lugar del Coyote ¡Aunque el cartoon fuera diseñado para que la platea se solidarice con el Coyote!

La Reina Isabel financió al genovés Colón para buscar un camino a las Indias por el Oeste. Pero no se sabía mucho de ese extranjero, salvo que había aprendido a navegar con los portugueses, con quienes España competía. Así fue que la Reina Isabel puso a Colón al mando de la expedición, pero le montó una cola con los hermanos españoles Pinzón. Españoles y hermanos; hay un mensaje ahí, nos protegemos dentro del clan.

Naturalmente, también para trabajar preferimos organizarnos de otra forma. Por ejemplo, desde la llegada al Nuevo Mundo, diferentemente de los germánicos, en lugar de penetrar el continente nos concentramos en sus costas. Hay varias razones para esto, pero una de las importantes es que nos gusta estar juntos. A nuestras familias les dolería más separarse. Nuestros hijos salen de casa más tarde, cuando salen, y nunca es del todo. Tanto tiempo juntos nos hace especialmente sensibles a las formas no dichas de comunicación y refuerza nuestra necesidad de conocer mucho a la gente antes de confiar en ella. Por eso, formamos equipos de trabajo más eficaces cuando integrados por gentes que se conocen bien. Las escuelas de samba del Brasil son un ejemplo claro. Ahí nadie llegó de la nada seleccionado por su curriculum. Todos llegaron invitados por amigos, y juntos se matan por el triunfo de su organización, sin que les paguen para ello. Esto es, nuestra gente es competitiva sí, pero compiten contra otros. Está mal visto competir entre sí, como con frecuencia lo induce la administración estadounidense.

No es responsabilidad de los Estados Unidos, sino nuestra, que apliquemos su forma de administrar. Pareciera que hubiéramos desistido de pensar por cuenta propia. De ahí que nuestras escuelas de negocios reciten por el mantra administrativo norteamericano. Pero no son solo las escuelas de negocios, son también los abogados, los headhunters, los auditores, y los agentes de prensa. Es como si todos se hubieran rendido al evidente éxito de los germánicos, sin darse cuenta que su forma de organizarse para producir no es la que rendiría mejores resultados entre nuestra gente.

Entre nosotros ofende nuestra sensibilidad que una persona que se jubila tenga prohibido su acceso a la organización. Así como nos es extranjero el abandono de los ancianos, mientras que en los Estados Unidos ha dado en epidemia, como narraba en un artículo el New York Times. Al ver excluidos a los jubilados sentimos que lo mismo podría pasarnos a nosotros y nos rehusamos a comprometernos con la organización, por mercenaria.

Si continuáramos a imitar la forma organizacional extranjera no solo nos relegaríamos al subdesarrollo sino que atentaríamos contra nuestro propio tejido social. Quién sabe, quizás sea por eso también que no solo tenemos baja productividad, sino también un muy alto índice de violencia.


[1] Basado en un artículo más extenso que será publicado en enero del 2020, en inglés, en Thunderbird International Business Review.

[2] Alfredo Behrens, Ph.D. por la Universidad de Cambridge, es miembro del Consejo Asesor del Global Studies, Think Tank de la Universidad de Salamanca, donde enseña temas relacionados con el liderazgo y su email es behrens@usal.es. Es autor de varios libros galardonados, entre ellos Gaucho Dialogues, premio ILBA 2018, sobre las insurrecciones en América Latina. Está en año sabático de FIA Business School, São Paulo.

[3] Inês Medeiros es licenciada en Psicología por la Universidad de Porto, Portugal. Es consultora comercial en los campos de cultura y desarrollo humano en São Paulo, donde fundó y dirige Values Move https://www.valuesmove.com. También es socia y entrenadora del Barrett Values Center.